Hace unos días, junto a varios compañeros y compañeras, nos tragamos 5 horas de tediosa y amargante sesión en un Pleno de un Ayuntamiento. Esa es la negación más ambigüa al intelecto humano.
Los políticos se justifican así mismos por el valor de la tergiversación, de las medias verdades ligadas a las medias mentiras y sobre todo de la falacia pura y dura. En definitiva es un espectáculo bochornoso. A no ser que el público asistiente lo haga a condición de que la gresca se presente para amenizar el tedio existente. Para entonces lo vulgar o la vulgaridad viste a los políticos de lo que son, de su verdadera cara... porque lo que llevan sólo es un disfraz.
El acto en sí (por eso aguantamos tanto) pretendía, de alguna forma, resarcir de la injusticia a una persona apreciada por mí. Y aquellos ignorantes, chavacanos, orgullosos y deleznables hijos de... (los concejales peperos) ignoraron la dignidad de una persona para después utilizarla.
Señores políticos: si todos ustedes (sin distinción de partido) se fueran al cuerno, más y mejor le iría al pueblo al que roban utilizando su demagogia, su buenas palabras vacías y su ilusinismo verbal. Si a tomar por culo, señores y señoras políticos, se fueran dejarían un vacío elemental: la prevaricación y la especulación y todo el mundillo que les rodea.