
Ministra de Cultura.Sra. Ángeles González-Sinde Reig:
Como medida encaminada a salvaguardar los privilegios de una de las favorecidas castas de esta sociedad, el mundo del cine, la norma que nos ha querido imponer (popularmente llamada Ley Sinde) es regresiva, discriminatoria y excluyente.
Entiendo que no tod@s l@@s que se dedican a ese mundo del cine ostentan los mismos privilegios porque entonces no podríamos hablar de discriminación y exclusión, las mismas que se aplican al resto del amplio universo cultural.
La propiedad intelectual se sostiene sobre los pilares de la creación/interpretación artística. Los autores, creadores o intérpretes, somos dueños morales de la obra. Pero no tendríamos sentido si esa obra se queda encerrada en el baúl de los recuerdos o en la frialdad de una sala oscura y vacía, o en unos acordes y la voz muda y anónima. La sociedad, desde el momento en que entiende una obra de arte como tal pasa a ser su propietaria emocional. ¿Dónde está, entonces, la propiedad mercantil? En los elementos regresivos que intermedian en un único objetivo: el beneficio. La obra creada es intermediada mercantilmente por un@s promotor@s quienes imponen un precio que ha de pagar la sociedad. Del beneficio mercantil el creador directo es el que recibe un beneficio menor (excepción hecha de artistas influyentes). Otro porcentaje se lo lleva el montaje y la promoción. Vamos que estamos hablando de más del 60% del beneficio lo que se llevan estos intermediadores.
Toda esta industria capitalizada que gira entorno al beneficio olvida una cosa: la creación. Exige al creador un producto que se convierte en elemento mercantil en vez de en un bien artístico. El único objetivo es el mayor beneficio posible. ¿Y quién paga este beneficio? La sociedad en general.
Es evidente qu
e la creación conlleva un trabajo y una preparación y que la calidad de la misma depende del talento y la libertad del creador. Si lo basamos todo en el beneficio puro y duro del que tiran los elementos ociosos del NEGOCIO de la CULTURA dejamos fuera el acto creador y la calidad del producto creado en aras de los bolsillos de una cuadrilla de impresentables potentados.
Así la "Ley Sinde" sólo tiene como objetivo prioritario el declarar ilegal el libre intercambio de archivos en internet para que no perjudiquen el beneficio de la indistria cultural. Es una vergüenza que sólo se pretenda esclavizar la cultura vendiéndola por el mayor beneficio. Eso ni es cultura ni es "ná".
Señora Sinde: ni sus desvelos fílmicos, ni sus argumentaciones guionizadas, ni su subjetividad política vendida a los especuladores de la cultura, ni sus poses de vedette trasnochada, podrán atar, aprisionar o incluso matar las ansias de libertad que tiene el arte. La CULTURA es LIBRE, señora Sinde y no es porque lo diga yo que soy un don nadie.