Traigo
hoy una entrevista a la socióloga Saskia Sassen, premio Principe de
Asturias en 2013. En esta entrevista del periodista Javier Ocaña,
reflexiona sobre la globalización.
En
esta ocasión reproduzco la entrevista en sí porque, aunque se
refiera en algunas ocasiones a un país concreto y en otras a la
generalidad sobre todo economicista y de poder, en esta España nos miramos demasiado en ese país concreto y, en cuanto a la generalidad nos
es muy similar.
"""Sassen:
«A la larga el enemigo no será el virus, sino las grandes empresas»
Javier
Ocaña, 28/04/2020
La
socióloga Saskia Sassen, premio Príncipe de Asturias 2013, cree que
el ser humano tiene «una extraordinaria capacidad para olvidar»,
por lo que se dejará de hablar del coronavirus en medio año. El
enemigo, después, serán las grandes empresas que destruyen a las
pequeñas. «Esa es la batalla que hay que tener», advierte. La vida
de Sassen (La Haya, 1949) transcurre entre dos ciudades globales como
son Nueva York y Londres. En la capital británica pasa el
confinamiento la profesora de la Universidad de Columbia y escritora
y desde allí está al tanto de las polémicas declaraciones de
Donald Trump: «Es un caso tan extremo que ya no me horroriza nada de
lo que dice».
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La crisis del coronavirus probablemente hará reflexionar sobre
nuestro modelo de vida ¿Cómo cree que influirá en futuros trabajos
de investigación, abrirá nuevos campos o vías?
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Mi experiencia, porque yo ya soy bastante mayor, es que tenemos una
capacidad extraordinaria para olvidar. Lo que ahora es un momento muy
dramático (en el que) hay miedo, la gente se muere… al final, en
tres semanas o en un mes cuando haya pasado no me sorprendería que
lo olvidáramos. Eso me impresiona, la capacidad que tenemos de
convivir con una cosa muy trágica y muy alarmante que da miedo, que
mata. Yo tengo 73 años, he pasado por varias tragedias y ya casi no
se habla. Eso me hace pensar que dentro de medio año ya no
hablaremos de la crisis del coronavirus. Nosotros podemos convivir
con experiencias de las que vemos solo una parte y realmente no estar
traumatizados. Tenemos una manera de manejarlo, porque si no
estaríamos destruidos.
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Trump ha dejado claro que prefiere que el confinamiento termine
cuanto antes por motivos económicos, aunque suponga poner en riesgo
la salud de sus ciudadanos ¿qué opinión le merecen las políticas
de Trump en la crisis?
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Es inaceptable. Trump es de una brutalidad extraordinaria, cómo ha
manejado las cosas. Yo ahora estoy en Londres, pero vivo en Nueva
York mayoritariamente. Trump es un caso tan extremo que ya no me
horroriza nada de lo que dice. Tiene dos vectores que le funcionan, y
el resto no están.
Uno
son sus intereses personales, y el otro es todo lo que odia. Él odia
a tanta gente, tantas narrativas, tantas digamos situaciones. Está
cargado de tanto enojo y odio que es impresionante. Y eso le mantiene
vivo y sobrevive porque dice lo que quiere. Él se expresa… lo que
quiere, lo que siente, en vez de controlarse un poco. Eso es una
manera de sobrevivir me imagino.
Porque
se le critica, se le ridiculiza. La gente no le cree, conocen las
mentiras que dice, las exageraciones que hace y el tipo como que
sigue funcionando. El ser humano medio tendría un poquito de
vergüenza, de prudencia, una inteligencia práctica para no salir
como un mentiroso… Trump, nada. El acto de hablar para Trump es un
acto que él no se lo toma muy en serio porque si no, no se entiende.
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Aun así, cuenta con un núcleo muy numeroso de votantes…
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Él sabe cómo manejarlos, sabe (...) que las élites le han dejado
estar ahí. Él ha sabido como reconocer eso, las élites lo
despreciaban y todavía lo desprecian, porque es un poco estúpido.
Tiene algún vector de inteligencia, que es la inteligencia que a él
le interesa. Pero es muy limitado. Él tiene suficiente inteligencia
para saber que mucha gente no lo ve como una persona inteligente.
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Señala que actualmente la economía global se centra en la
financiarización. Sin embargo, con la pandemia evolucionando a
diferentes ritmos según el país, muchos gobiernos miran al mercado
interior para poder reactivar su economía. ¿Perderán las finanzas
terreno en las economías nacionales en favor de la
producción/consumo en masas?
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Esperemos que las finanzas pierdan. Hay que reactivar nuestras
economías, y a lo mejor esto es una oportunidad para hacerlo, para
que las producciones locales entren en juego de forma más dura.
Recordemos que hay una serie de actores muy internacionales que están
en el negocio de importar y exportar. Ellos no pueden perder,
digamos. Los que pueden perder son los pequeños agricultores, las
pequeñas empresas, porque vienen dominadas por esas grandes
corporaciones. Esa es para mí la batalla que hay que tener. El virus
se va a ir. El virus no es el enemigo. A la larga el enemigo son las
grandes empresas que van destruyendo a todas las pequeñas. España
está en una situación mejor que Estados Unidos porque tiene mucha
producción local. En Norteamérica las grandes empresas se han
vuelto extraordinariamente dominantes y su objetivo no es sobrevivir
como el pequeño agricultor, sino ganar dinero. Yo siempre digo que
las lógicas dominantes en Estados Unidos son lógicas extractivas.
No buscan generar condiciones que permitan a las clases modestas
tener una mejor vida, una comida más sana, etc... Las grandes
empresas quieren lograr la plusvalía, es todo lo que importa.
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En las últimas décadas hemos vivido un proceso de privatización
del sector público. Sin embargo, la crisis del coronavirus ha
evidenciado la necesidad de tener unos servicios públicos
eficientes. Cuando esto acabe, ¿tocará repensar las decisiones
económicas que se han tomado años atrás?
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La desregularización ha sido en favor de ciertos sectores y no de
otros. Hemos destruido mucho, pero es una historia ya de hace 30
años. La noción de «privatizar es la mejor manera de hacerlo» ha
llevado a alguna cosa buena, pero muchas son negativas. Todo el
sector público ha perdido mucho, ha perdido capacidad efectiva en
cuanto a los proyectos que desarrolla y debería desarrollar. Ha
perdido terreno en favor de las grandes empresas, que han ido
acaparando parte de la economía que solía estar bajo el control de
pequeñas empresas o de gobiernos. Mucha privatización, que tiene
como objetivo extraer ganancias, no manejar mejor las cosas. Esa es
la gran tragedia en Estados Unidos, es realmente problemático. Ahora
estamos viendo las consecuencias, porque hay un empobrecimiento de
las clases medias modestas especialmente, que son la gran mayoría de
la gente en un país como Estados Unido y que solo han perdido. Es
realmente una historia muy triste. En los años 80, cuando empezó la
privatización y la desregularización de nuestras economías, surgió
un nuevo tipo de elite que dividió a la clase media. Por un lado,
una clase media muy rica que casi no se puede llamar así, y un
sector que ahora son una clase muy modesta con muchas dificultades
para que sus hijos vayan a buenas universidades o para tener
viviendas buenas. La clase media representaba un 40-50% en las
grandes ciudades y ahora se encuentra partida entre un sector muy
rico y otro empobrecido. Al principio (en la década de los 80) no se
notó la diferencia, pero hace ya 20 años que lo notamos. Es un
cambio que se da en varios países, no solo en Estados Unidos. No es
solamente una clase política quien puede logar ese cambio, es la
estructura misma de la economía.
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Muchos países están volviendo a acercar la producción dentro de
sus fronteras y estamos viviendo un repliegue del comercio
internacional ¿cambiará nuestro actual modelo económico?
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Algo tiene que cambiar en este sistema. Yo he hecho muchos trabajos
de las grandes finanzas, una sistematicidad que puede extraer
plusvalía de muchos sistemas que pensábamos que estaban controlados
o a los que no se podía acceder. Y ahora sí, porque esa
sistematicidad de la alta finanza te cuenta el cuento de que puedes
aumentar tu plusvalía, tus ganancias. Pero al mismo tiempo, vemos
que es un sector extractivo y siempre hay muchos que pierden. Los que
pierden son casi invisibles, los que ganan son muy visibles. Te
genera una narrativa que es real, pero no es completa. Es difícil
entender qué viene ahora. Porque las nuevas generaciones (...) están
realmente en otras formas de pensar qué es la buena vida. Mucho más
encajada con la naturaleza, con la solidaridad de otro tipo. No son
la mayoría, pero hay gran parte que sí. No les interesa tener tres
coches, al contrario, porque tiene que lavarlos, cuidarlos… Son
otras mentalidades. Es muy difícil establecer si son la mayoría
porque cambia según el país. Hemos entrado en una nueva época,
distinta por esas generaciones jóvenes.
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¿Cree que la incertidumbre por la crisis del coronavirus puede
servir como impulso a la extrema derecha en Europa?
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Eso es difícil de generalizar porque creo va a haber una serie de
combinaciones. No surge tanto de que guste la nueva modalidad de
derecha, sino de que la izquierda encontró sus límites y no logró
avanzar en un proyecto en el que teníamos muchas esperanzas No le
echo la culpa a ellos, sino a una mezcla de elementos. Es muy difícil
ahora saber dónde va a ir la energía política porque tienes a
jóvenes muy de derechas y a jóvenes que son muy de izquierdas.
Entonces, no sabemos y va a depender de la economía, de la cuestión
del empleo, etc... Yo creo que los cambios que esta nueva generación
nos pueden dar ya están pasando y muestran sus límites, los
cambios. Esa es la tragedia, que vemos (...) nuestras limitaciones.
En ese contexto es en el que ganan ciertas derechas que son nuevas y
que son alarmantes porque vienen marcadas con cierta ignorancia y un
cierto tipo de fe en que nos va a dar una vida mejor. Yo, como
experta, te digo que no, que no te va a dar una vida mejor. Después
de la Segunda Guerra Mundial en muchos de nuestros países había una
intención, un proyecto serio de mejorar las condiciones de vida, era
necesario, era urgente. Eso hoy no lo tenemos.
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¿Sacaremos alguna lección positiva cuando la pandemia haya
terminado?
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Yo creo que sí. Siempre hay sectores que pueden ver lo bueno. Yo soy
una de esas, porque veo que la situación es problemática, pero
también hay algo positivo. Las preferencias de las nuevas clases
jóvenes prometen algo bueno. Siempre tendremos sectores que quieren
extraer más y más riqueza cuando ya son ricos. Pero también
tenemos a los otros, que pueden ver transversalidades, que pueden ir
agregando nuevas modalidades de gente y proyectos.
De
todas formas os dejo el enlace para dejar constancia: