¡El
afán de poder!
Sabed
que algunos
confunden el camino.
confunden el camino.
Por
llegar a la cima se han perdido
entre los acomodos y el afán de poder,
entre los espejismos, del oasis que ven en su desierto,
y las degradaciones,
entre los consistorios y las editoriales,
entre los institutos y los despachos públicos...
para lograr el cetro y el laurel.
entre los acomodos y el afán de poder,
entre los espejismos, del oasis que ven en su desierto,
y las degradaciones,
entre los consistorios y las editoriales,
entre los institutos y los despachos públicos...
para lograr el cetro y el laurel.
(Son
arena de anhelos sin destino
por un viento que cambia los paisajes,
amurallando dunas de efímera belleza.)
por un viento que cambia los paisajes,
amurallando dunas de efímera belleza.)
Sabed
que algunos
(¿Cuántos?)
confunden el camino y rompen, por sistema,
los ojos verdaderos de modos y de formas,
oscurecen las tardes sobre el agua que ansían
y se vuelven volcanes donde, solos, se queman
con las arenas-lava de su conciencia seca.
(¿Cuántos?)
confunden el camino y rompen, por sistema,
los ojos verdaderos de modos y de formas,
oscurecen las tardes sobre el agua que ansían
y se vuelven volcanes donde, solos, se queman
con las arenas-lava de su conciencia seca.
¿Confunden
el camino?
Eligen el atajo de un fulgor instantáneo
y van entre las sombras camino de la tarde.
Eligen el atajo de un fulgor instantáneo
y van entre las sombras camino de la tarde.
Entretanto
los gallos – mientras cavan auroras –
(Luz de Miguel y luz de Federico.)
nos cantan anunciando las verdaderas luces.
(Luz de Miguel y luz de Federico.)
nos cantan anunciando las verdaderas luces.
Azorín
Antinoo
Tu
nariz pensativa sostiene la balanza de tus hombros,
tan breve el balanceo quedaron en el fiel diestra y siniestra.
Dentro está el péndulo
dispuesto a señalar con su parada el perfecto equilibrio,
dispuesto a detenerse en el instante
en que comienza lo que no termina.
tan breve el balanceo quedaron en el fiel diestra y siniestra.
Dentro está el péndulo
dispuesto a señalar con su parada el perfecto equilibrio,
dispuesto a detenerse en el instante
en que comienza lo que no termina.
Tu
nariz pensativa, meditativa y contempladora
de ti mismo,
de su último aliento se despide.
¡En él tu juventud, épico aroma!
de ti mismo,
de su último aliento se despide.
¡En él tu juventud, épico aroma!
Rosa
Chacel

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