miércoles, 4 de noviembre de 2009

Francisco Ayala... que la tierra te sea leve.

No podría decir más de lo que ya se ha dicho en estas hora que hace que te fuiste de nuestro lado. No te seguí tanto como en estos momentos me reprocho, seguramente porque de lo humanamente enorme que eras quisiste siempre pasar a nuestro lado como uno más de tantos testigos de la historia.
Quiero hacer memoria y me desilusiono por no tenerte inmortal entre las hojas polvorientas de mis libros confidentes. Y no me queda más que entonar el "mea culpa" porque, desde aquella primera vez que me involucré leyendo tus "Historia de la libertad" y "Ensayo sobre la libertad" de los que no recuerdo más que un contexto donde deboraba letras sin medida que luego arrojaba al mundo desde mi transpirada rebeldía. Era mi tiempo, mi otro tiempo. Y aunque mi pésimo recuerdo traicione aquellas palabras de tus textos, me queda la sutil sensación de tu emocionada lucidez tan libre, tan abierta y cercana... tan íntima a mi subconsciente.
Que la tierra te sea leve, compañero, libre y mortal.