domingo, 2 de agosto de 2009

¡POLÍTICA!

Hace unos días, junto a varios compañeros y compañeras, nos tragamos 5 horas de tediosa y amargante sesión en un Pleno de un Ayuntamiento. Esa es la negación más ambigüa al intelecto humano.
Los políticos se justifican así mismos por el valor de la tergiversación, de las medias verdades ligadas a las medias mentiras y sobre todo de la falacia pura y dura. En definitiva es un espectáculo bochornoso. A no ser que el público asistiente lo haga a condición de que la gresca se presente para amenizar el tedio existente. Para entonces lo vulgar o la vulgaridad viste a los políticos de lo que son, de su verdadera cara... porque lo que llevan sólo es un disfraz.
El acto en sí (por eso aguantamos tanto) pretendía, de alguna forma, resarcir de la injusticia a una persona apreciada por mí. Y aquellos ignorantes, chavacanos, orgullosos y deleznables hijos de... (los concejales peperos) ignoraron la dignidad de una persona para después utilizarla.
Señores políticos: si todos ustedes (sin distinción de partido) se fueran al cuerno, más y mejor le iría al pueblo al que roban utilizando su demagogia, su buenas palabras vacías y su ilusinismo verbal. Si a tomar por culo, señores y señoras políticos, se fueran dejarían un vacío elemental: la prevaricación y la especulación y todo el mundillo que les rodea.

sábado, 18 de julio de 2009

La muerte...

La muerte es la culminación de nuestro paso por la vida. Eso es obvio. Pero, ¿somos dueños de nuestra vida? Al parecer solo nos pertenece a ratos. En una Dictadura, en cualquier momento, dejamos de ser nosotros, vivos, para pasar a ser meros e inertes muertos. Para las religiones sólo somos un paso de vida para proyectarnos eternamente en la muerte. Para mí, la muerte, es un vacío... el culmen de la vida que hemos aportado a los demás mortales como nosotros. Y la muerte es arte de culturas ancestrales. Y es amor donde se encierran emociones. Y es un lujo para unos y un don para otros, y un escape para los infelices. Y para los que dejaron de ser existiendo superficialmente, la muerte, significa la vida.
Conozco a solidarios que darían su vida por y para unos ideales: son escasos y difíciles de ver. Nuestra cultura también gira de forma irracional alrededor de la muerte por eso nos aferramos tanto a la vida, a esa vida después de ella. Esta irracionalidad es adquirida en parte por adoctrinamiento, por ese sentimiento de no ser nada para cumplir el cometido de ser fieles a dictámenes divinos y así convertirnos en vida después de morir. Es nuestro miedo sacado de las arrugas del alma por siglos de doctrina tomada incluso por vena.
La muerte es el resultado de vivir, sencillamente porque no merecemos estar viviendo eternamente. Y la tierra nos lo agradece.
La muerte es un ideal puro y crudo.

domingo, 28 de junio de 2009

La marea, si nos lleva....

Dicen que la cara es el reflejo del alma. Sus labores expresivas son elocuentes: los mil matices de los ojos, la movilidad inconsciente de los músculos faciales, la personalidad de la frente, el efecto de los labios. La sonrisa es la única expresión que no engaña sobre los estados de nuestra alma. El llanto es demasiado elocuente aunque se pueda llorar de alegría.
Los mitos también son humanos. Sus locuras, sus extravagancias, sus informalidades, sus rarezas... todos esos vínculos que nos unen a nuestros semejantes son elementos humanos. Un mito no es un Dios, no es un ser excepcional al que hay que rendir culto ni pleitesía. Un mito no es un ser humano superior por naturaleza: somos nosotros con nuestros vínculos humanos los que los encumbramos a pedestales que se resquebrajan con el propio peso o con nuestro propio olvido.
¿Qué hace a una ser humano superior? Nuestro egoísmo, nuestra humana debilidad.
Michael Jackson era un hombre roto, destrozado por dentro, y sólo. Él mismo se abandonó. Todo su poder económico no ha podido compensar esa soledad del alma. Su cara era el reflejo de sí mismo. Eso prueba que el hombre, por mucho poder y mucho dinero que pueda acumular en su vida, está solo y abandonado a su suerte.
Que la tierra le sea leve al hombre, cuerpo mortal donde los haya, porque el mito murió al nacer.