viernes, 27 de marzo de 2020



Con este título tan elocuente para los tiempos que corren en el parón, tan evidente, que se ha dado en nuestras vidas, doy comienzo a un serial diario de poesía que tenga algo que ver, aunque sea solo por asomo, con una emergencia social, individual y/o colectiva, terráquea. El poema del dia 24, Carpe Diem, da la clave primera de la escala en este diálogo nunca fortuito, siempre asimilado a una necesidad de pensar, de ser, de actuar, de enfrentar la vida de una forma más humanista, más empática, más fraterna, más libre, más en simbiosis natural. 
Un granito de arena que nos intente evadir de una realidad que mantiene con mucha intención, en un bucle machacón y catastrófico, el hilo tensional de la preocupación, el miedo, la envidia y los bajos o los nobles instintos, en contraposición a nuestra ansia de libertad confiscada en este confinamiento, la reclusión que sorprendentemente tan en el orgullo llevamos y que de un plumazo nos haga cosquillas en la nariz y nos ampare bajo el manto del poder para señalar a los demás el rumbo de sus destinos en una vida que ya no es nuestra, en un motivador ensayo que razona, desde la emergencia sanitaria, un Estado de Alarma que nos pilló, usadas ya las bragas, sin esperarlo. ¿Que puede resbalar a un Estado de Excepción? Solo han de darse causas y motivos que prendan la llama y que lo justifiquen.
El negro y el rojo son colores escogidos adrede. El blanco es el fondo y conforma según los trazos: "Poesía de EMERGENCIA"...
Carpe Diem, tiene su réplica directa y lúcida. Esa será la siguiente.
Salud, hermanos, amor y libertad...

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