No podría decir más de lo que ya se ha dicho en estas hora que hace que te fuiste de nuestro lado. No te seguí tanto como en estos momentos me reprocho, seguramente porque de lo humanamente enorme que eras quisiste siempre pasar a nuestro lado como uno más de tantos testigos de la historia.
Quiero hacer memoria y me desilusiono por no tenerte inmortal entre las hojas polvorientas de mis libros confidentes. Y no me queda más que entonar el "mea culpa" porque, desde aquella primera vez que me involucré leyendo tus "Historia de la libertad" y "Ensayo sobre la libertad" de los que no recuerdo más que un contexto donde deboraba letras sin medida que luego arrojaba al mundo desde mi transpirada rebeldía. Era mi tiempo, mi otro tiempo. Y aunque mi pésimo recuerdo traicione aquellas palabras de tus textos, me queda la sutil sensación de tu emocionada lucidez tan libre, tan abierta y cercana... tan íntima a mi subconsciente.
Que la tierra te sea leve, compañero, libre y mortal.
Del amor a la emociones, del arte a la cultura, de lo social a la política, del pensamiento a la información, de la libertad al poder, de la solidaridad a la crítica. Todo cabe aquí donde se unen nuestros caminos.
miércoles, 4 de noviembre de 2009
Francisco Ayala... que la tierra te sea leve.
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domingo, 25 de octubre de 2009
Ágora
Las plazas públicas eran los centros de toda la actividad de relación, cultura y política a partir del siglo VIII a.c.
No sé si Amenábar nos ha querido contar la historia de Hipátia y el amor/odio que despertó en los hombres que la rodearon; o más bien la convulsión que produjo en aquellos tiempos la intolerancia y el fanatismo religioso que dominaba al ser humano potenciando la histeria y el miedo colectivo, base fundamental para controlar el poder.
Supongo que Alejandro Amenábar, en un principio, no llegó a considerar el transfondo de esta historia. Son muchas las relaciones, sentimientos y circunstancias que se aglutinan alrededor de la figura de Hipátia: una figura real sobre la que se monta una vida fundida con hechos posibilistas de ficción.
Pero todo el repertorio escénico que accede a esta historia de la mano de Hipátia, no es más que la verdad sobre la violencia de unas religiones ávidas de poder en lucha constante por la supremacía.
Todas las religiones son fanáticas. Pero la Católica supera en sadismo y violencia a todas las demás. La verdadera historia está ahí, resumida en un espacio de tiempo.
La cultura y el saber deben ser nuestros y libres. No dejemos que los señoritos del poder nos quiten y nos roben por lo que debe ser un bien común.
No sé si Amenábar nos ha querido contar la historia de Hipátia y el amor/odio que despertó en los hombres que la rodearon; o más bien la convulsión que produjo en aquellos tiempos la intolerancia y el fanatismo religioso que dominaba al ser humano potenciando la histeria y el miedo colectivo, base fundamental para controlar el poder.
Supongo que Alejandro Amenábar, en un principio, no llegó a considerar el transfondo de esta historia. Son muchas las relaciones, sentimientos y circunstancias que se aglutinan alrededor de la figura de Hipátia: una figura real sobre la que se monta una vida fundida con hechos posibilistas de ficción.
Pero todo el repertorio escénico que accede a esta historia de la mano de Hipátia, no es más que la verdad sobre la violencia de unas religiones ávidas de poder en lucha constante por la supremacía.
Todas las religiones son fanáticas. Pero la Católica supera en sadismo y violencia a todas las demás. La verdadera historia está ahí, resumida en un espacio de tiempo.
La cultura y el saber deben ser nuestros y libres. No dejemos que los señoritos del poder nos quiten y nos roben por lo que debe ser un bien común.
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lunes, 19 de octubre de 2009
Y llegó la sentencia.
La Audiencia de Madrid ha CONDENADO al asesino de Carlos Palomino, el neonazi Josué Estébanez, a 26 años de prisión. La sentencia estima la culpabilidad de Josué por un delito de asesinato (que no es lo mismo que homicidio) con el agravante de móvil (odio) ideológico. Por este motivo le impone una condena de 19 años de cárcel. Los otros 7 años de prisión le caen por tentativa de homicidio. Además, el asesino, deberá pagar a la familia de la víctima 100.000 euros.
Todo esto puede presumir una victoria moral del movimiento antifascista. Pero no hace justicia verdadera ante las agresiones neonazis y fascistas a todo movimiento alternativo. Si queréis hablamos de historia, incluso de personajes. Pero lo realmente importante es el trasfondo. Algo hay de cierto en ese asesinato ideológico, igual a otros muchos y a otras munchas agresiones fascistas. Pero María, la madre de Carlos, ya no volverá a ver a su hijo vivo. Y toda la Ley junta y todo el dinero junto no aplacarán su pena.
¡¡¡Carlos, hermano, nosotros no te olvidamos!!!
Todo esto puede presumir una victoria moral del movimiento antifascista. Pero no hace justicia verdadera ante las agresiones neonazis y fascistas a todo movimiento alternativo. Si queréis hablamos de historia, incluso de personajes. Pero lo realmente importante es el trasfondo. Algo hay de cierto en ese asesinato ideológico, igual a otros muchos y a otras munchas agresiones fascistas. Pero María, la madre de Carlos, ya no volverá a ver a su hijo vivo. Y toda la Ley junta y todo el dinero junto no aplacarán su pena.
¡¡¡Carlos, hermano, nosotros no te olvidamos!!!
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