viernes, 4 de diciembre de 2009

Crucifijos

Recuerdo, en mi niñez en esos colegios tardo-franquistas de los años 70 en los que la idea de democracia sacudía tímidamente a los maestros, unas cruces de madera con una figura de plástico nácar-amarillento.
Recuerdo que en años anteriores obligaban, en esos colegios afranquistados, a cantar el "cara al sol" y a rezar el "el padre nuestro". Aquellos años fueron de adoctrinamiento e IMPOSICIÓN de valores que, muy tímidamente, comenzaban a ser desplazados.
Recuerdo que la asignatura de Religión era OBLIGATORIA.
En esta "democracia" (aún me guardo mi opinión sobre ella) en la que de forma LAICA convivimos con pensamientos dispares, ideologías dispares y religiones dispares, que la Iglesia Católica venga enarbolando la bandera de la LIBERTAD por el capricho de mantener ese simbolo del crucifijo imperando, con supremacía radical, las frágiles mentes de nuestros niños y niñas es cuando menos REPROCHABLE.
Hablo de mí. Y en mis años niños me IMPUSIERON unas creencias con las que, algunos años más tarde, no estaba de acuerdo.
Si hoy día los hombres y mujeres multiculturales y multipensantes que formamos esta sociedad hemos decidido dar un impulso laico a la LIBERTAD, ¿quines son los dirigentes católicos para seguir imponiendo sus miserias?
La curia española no debe seguir manejando e imponiendo sus normas. Que metan sus crucifijos en sus habitaciones y nos dejen en paz. Mi LIBERTAD termina donde empieza la de otro u otra. Pero la iglesia católica aún no se ha enterado que su dictadura ha llegado al fin.
Habría mucho que hablar de ellos, de sus desmanes, de sus miserias, de sus robos, de los muertos que causaron a través de la historia. Pero me voy a conformar con decir:
¡¡¡NO MÁS DICTADURA CATÓLICA!!! ¡¡¡CRUCIFIJOS FUERA DE LAS ESCUELAS!!!
Y si quieren que me excomulguen... lo estoy deseando.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Francisco Ayala... que la tierra te sea leve.

No podría decir más de lo que ya se ha dicho en estas hora que hace que te fuiste de nuestro lado. No te seguí tanto como en estos momentos me reprocho, seguramente porque de lo humanamente enorme que eras quisiste siempre pasar a nuestro lado como uno más de tantos testigos de la historia.
Quiero hacer memoria y me desilusiono por no tenerte inmortal entre las hojas polvorientas de mis libros confidentes. Y no me queda más que entonar el "mea culpa" porque, desde aquella primera vez que me involucré leyendo tus "Historia de la libertad" y "Ensayo sobre la libertad" de los que no recuerdo más que un contexto donde deboraba letras sin medida que luego arrojaba al mundo desde mi transpirada rebeldía. Era mi tiempo, mi otro tiempo. Y aunque mi pésimo recuerdo traicione aquellas palabras de tus textos, me queda la sutil sensación de tu emocionada lucidez tan libre, tan abierta y cercana... tan íntima a mi subconsciente.
Que la tierra te sea leve, compañero, libre y mortal.

domingo, 25 de octubre de 2009

Ágora

Las plazas públicas eran los centros de toda la actividad de relación, cultura y política a partir del siglo VIII a.c.
No sé si Amenábar nos ha querido contar la historia de Hipátia y el amor/odio que despertó en los hombres que la rodearon; o más bien la convulsión que produjo en aquellos tiempos la intolerancia y el fanatismo religioso que dominaba al ser humano potenciando la histeria y el miedo colectivo, base fundamental para controlar el poder.
Supongo que Alejandro Amenábar, en un principio, no llegó a considerar el transfondo de esta historia. Son muchas las relaciones, sentimientos y circunstancias que se aglutinan alrededor de la figura de Hipátia: una figura real sobre la que se monta una vida fundida con hechos posibilistas de ficción.
Pero todo el repertorio escénico que accede a esta historia de la mano de Hipátia, no es más que la verdad sobre la violencia de unas religiones ávidas de poder en lucha constante por la supremacía.
Todas las religiones son fanáticas. Pero la Católica supera en sadismo y violencia a todas las demás. La verdadera historia está ahí, resumida en un espacio de tiempo.
La cultura y el saber deben ser nuestros y libres. No dejemos que los señoritos del poder nos quiten y nos roben por lo que debe ser un bien común.