martes, 21 de abril de 2020


Este corazón que odiaba la guerra


¡He aquí este corazón, que odiaba la guerra, anhelando el combate y la batalla!

Este corazón que no latía sino al ritmo de las mareas, de las estaciones, de las horas del día y de la noche,

Helo aquí, hinchándose y enviando a las venas una sangre ardiente de salitre y de odio.

Y tanto ruido lleva al cerebro que los oídos me silban,

Y no es posible que ese ruido no invada la ciudad y aún los campos

Como el sonido de una campana llamando a la rebelión y al combate.

Escuchad. Lo oigo volver repetido por el eco.

Pero no, es el ruido de otros corazones, de millones de otros corazones que laten como el mío en toda Francia.

Todos esos corazones palpitan al unísono por la misma tarea.

Su ruido es el del mar al asalto de los acantilados

Y toda esta sangre lleva a millones de cerebros la misma consigna:

¡Todos contra Hitler y muerte a sus secuaces!

Sin embargo este corazón odiaba la guerra y palpitaba al compás de las estaciones,

Pero una sola palabra : Libertad, ha bastado para despertar las antiguas cóleras

Y millones de franceses se preparan en la sombra para la tarea que la aurora próxima les impondrá.


Robert Desnos




Heme aquí raíz

Heme aquí raíz,
savia de impulsos ascendentes,
madre aún,
posible siempre,
anticipada gestación
de un porvenir intruso,
intrusa de un presente
que desestima
el valor de nacer
a sí mismo de nuevo.
Heme aquí clavando
mis ojos
de savia encarcelada
en los troncos vacíos de los árboles
muertos,
heme aquí creyendo,
queriendo creer
en la impostura de las ruinas,
en el candor del desastre,
el valor de lo opaco,
la calidez del humo en los rescoldos.
Heme aquí,
heme aquí,
he aquí que me atrevo
a creer en las ruinas.

¡Me atrevo a creer en las ruinas!

Chantal Maillard

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