martes, 26 de mayo de 2020

El 6 de abril del presente, el periodista Pablo Rivas escribe un artículo para El Salto que a mi parecer resulta demoledor en cuanto a la información que lanza y que ha pasado desapercibida con todo el ruido mediático que resulta de la vida cotidiana.

"La comunidad científica lleva décadas alzando la voz sin que gobiernos y empresas hagan caso. La destrucción de ecosistemas sanos y vírgenes, y la llegada del ser humano a zonas donde hasta ahora su presencia era insignificante, supone un riesgo para la salud global. La actual crisis del coronavirus es un vivo ejemplo de ello."

Desde la década de los 70, ecologistas y científicos de variadas disciplinas pero sobre todo de aquellas más directamente relacionadas con los ecosistemas, la naturaleza, los animales han gritado a los cuatro vientos que el daño, que la humanidad y su sistema político/económico vigente, venía haciendo a la tierra era desmesurado y pasaría factura en un futuro no muy lejano.

En 2018 la OMS incluía en su lista de patógenos infecciosos una enfermedad "X" desconocida pero capaz de generar una infección descontrolada. (Anotado del artículo)

La destrucción de ecosistemas causada por la voracidad humana va en aumento aunque desde los ámbitos científico y ecologista se hace incapié en frenar tal destrucción para prevenir nuevas pandemias

"[...] El 60% de las enfermedades infecciosas que nos afectan provienen de de animales, según un estudio del Centro de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Edimburgo, un porcentaje que se eleva al 75% cuando hablamos de las nuevas patologías, según otra investigación de la misma universidad."

La zoonosis está presente por la invasión del humano en comunidades animales salvajes y por la interacción de estos animales salvajes con comunidades de ganado domésticos destinado a la cria intensiva para consumo humano. Esta cría intensiva rompe todo los controles de autenticidad y naturalidad y, atiborrados de medicinas y hacinados en un medio totalmente contranatura, en naves desde que nacen hasta que mueren, la propensión a ser portadores de patógenos mortales para el ser humano es altamente problable.

Si a esto unimos la desaparición, por acción humana, de especies en el equilibrio ecosistémico, acabamos con las barreras naturales para que esos patógenos no nos afecten o su efecto sea atenuado.

"Para que una enfermedad infecciosa se transmita se requiere la interacción de múltiples especies, y en numerosas ocasiones hace falta una intermedia, como mosquitos, garrapatas o pulgas, a la que se denomina vector. Las enfermedades transmitidas por vectores representan el 17% del total de patologías infecciosas, según datos de la OMS, y cada año matan a 700.000 personas y afectan a en torno a 1.000 millones de humanos."

Los datos y la información siguen siendo demoledores

"La magnitud de la catástrofe causada por el covid19 no tienen precedentes en un siglo, pero sí los hay a menor escala. En 1999 un brote de la enfermedad de Nipah, con una letalidad del 40%, causó estragos en Malasia. El origen de este virus está en una especie de murciélago. La principal teoría sobre su propagación señala que el murciélago contagió en primer lugar a cerdos criados como ganado, y de ahí se propagó al ser humano. Las poblaciones de Pteropus vampyrus o gran zorro volador, la especie de murciélago que transmitió el virus, han sido desplazadas de sus entornos naturales debido a la deforestación y los incendios, lo que les ha conduciéndo cada vez más cerca de asentamientos urbanos. “Cuando las personas entran en contacto con especies con las que no ha evolucionado para convivir, y la ocupación del suelo por parte de la civilización se adentra cada vez más en entornos salvajes, mayor es el riesgo de aparición de una pandemia”, exponen desde Ecologistas en Acción."

A esta altura es muy difícil decir que el ser humano so es el responsable de su propia destrucción. Seguir por el camino que llevabámos antes del parón que nos ha producido esta pademia del COVID-19. ¿hemos aprendido algo precisamente en este parón?

"La última edición del informe Planeta Vivo, publicada en 2018 por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), señala que las poblaciones de vertebrados han disminuido un 60% entre 1970 y 2014, una reducción que “es particularmente pronunciada en los trópicos, siendo América del Sur y América Central las regiones que sufrieron la disminución más dramática: 89% en el mismo período."

"De la misma manera, el Índice Agua Dulce, que mide las poblaciones animales en estos frágiles ecosistemas —ríos, arroyos, humedales y lagos se encuentran entre las áreas más amenazadas— muestran un descenso de las poblaciones del 83% desde 1970."

"La causas de esta situación son claras y conocidas. La destrucción y degradación de hábitats, la contaminación, la distribución de especies invasoras, la contaminación y, por supuesto, el cambio climático están detrás de lo que se conoce como la Sexta extinción masiva de especies. Y sí, el Homo sapiens está detrás de todas ellas."

"Es por ello que las organizaciones ecologistas defienden para frenar esta situación “la restauración de los territorios degradados por la acción humana, la protección de las tierras salvajes y la biodiversidad, el abandono de las prácticas de explotación abusiva del medio natural y un cambio de paradigma hacia una economía que respete la naturaleza”, tal como señalan desde Ecologistas en Acción. Como remarcan desde la organización, “el mantenimiento de los servicios ecosistémicos que suponen beneficios esenciales para la salud humana es la mejor garantía de supervivencia”."


Esperemos haber aprendido algo de todo esto y de verdad, "la nueva normalidad" nos lleve a cambiar los paradigmas humanos de vida, de relaciones con os ciclos naturales, de respeto a la tierra, de fusión con los ecosistemas.


No somos nosotros los que tenemos que someter a la Naturaleza. Nuestro cometido es integrarnos en ella siendo y haciendola sostenible.


Aquí os dejo el enlace del artículo:

No hay comentarios:

Publicar un comentario