Las
cadenas
Deseé
amarlo todo y ahora soy desgraciado,
porque he multiplicado las
causas de mis penas.
Innumerables lazos sutiles y dolorosos
unen mi alma a las cosas en todo el universo.
Todo
me atrae al mismo tiempo
y con igual atractivo: lo cierto, por
sus resplandores,
y lo desconocido por sus velos.
Un
estremecido trazo de oro une mi corazón al sol,
y largos hilos
de seda lo enlazan con las estrellas.
La armonía me
encadena al aire melodioso,
la suavidad del terciopelo a las
rosas que acaricio.
He hecho de una sonrisa cadena de mis ojos,
y de un beso cadena de mi boca.
Mi vida pende de
esos frágiles lazos,
y estoy cautivo de los mil seres que amo.
A la menor sacudida que un soplo les imprime,
siento que
se desgarra algo de mí mismo.
René François Armand Prudhomme
(Sully Prudhome)
de En mi pequeño huerto
I
En
mi pequeño huerto
Brilla la sonrosada margarita,
Tan
fecunda y humilde,
Como agreste y sencilla.
Ella
borda primores en el césped,
Y finge maravillas
Entre el
fresco verdor de las praderas
Do proyectan sus sombras las
encinas,
Y a orillas de la fuente y del arroyo
Que recorre
en silencio las umbrías.
Y aun cuando el pie la huella,
ella revive
Y vuelve a levantarse siempre limpia,
A
semejanza de las almas blancas
Que en vano quiere ennegrecer la
envidia.
II
Cuando llega diciembre y las
lluvias abundan,
Ellas con las acacias tornan a florecer,
Tan
puras y tan frescas y tan llenas de aroma
Como aquellas que un
tiempo con fervor adoré.

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