viernes, 29 de mayo de 2020



Las cadenas

Deseé amarlo todo y ahora soy desgraciado, 
porque he multiplicado las causas de mis penas. 

Innumerables lazos sutiles y dolorosos 
unen mi alma a las cosas en todo el universo. 

Todo me atrae al mismo tiempo 
y con igual atractivo: lo cierto, por sus resplandores, 
y lo desconocido por sus velos. 
Un estremecido trazo de oro une mi corazón al sol, 
y largos hilos de seda lo enlazan con las estrellas. 

La armonía me encadena al aire melodioso, 
la suavidad del terciopelo a las rosas que acaricio. 
He hecho de una sonrisa cadena de mis ojos, 
y de un beso cadena de mi boca. 

Mi vida pende de esos frágiles lazos, 
y estoy cautivo de los mil seres que amo. 
A la menor sacudida que un soplo les imprime, 
siento que se desgarra algo de mí mismo.


René François Armand Prudhomme 
(Sully Prudhome)


de En mi pequeño huerto


I



En mi pequeño huerto
Brilla la sonrosada margarita,
Tan fecunda y humilde,
Como agreste y sencilla.

Ella borda primores en el césped,
Y finge maravillas
Entre el fresco verdor de las praderas
Do proyectan sus sombras las encinas,
Y a orillas de la fuente y del arroyo
Que recorre en silencio las umbrías.

Y aun cuando el pie la huella, ella revive
Y vuelve a levantarse siempre limpia,
A semejanza de las almas blancas
Que en vano quiere ennegrecer la envidia.

II

Cuando llega diciembre y las lluvias abundan,
Ellas con las acacias tornan a florecer,
Tan puras y tan frescas y tan llenas de aroma
Como aquellas que un tiempo con fervor adoré.


Rosalía de Castro




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