El extranjero
-
¿A quién quieres más, hombre enigmático, dime, a tu padre, a tu
madre, a tu [hermana o a tu hermano?
- Ni padre, ni madre, ni hermana, ni hermano tengo.
- ¿A tus amigos?
- Empleáis una palabra cuyo sentido, hasta hoy, no he llegado a conocer.
- ¿A tu patria?
- Ignoro en qué latitud está situada.
- ¿A la belleza?
- Bien la querría, ya que es diosa e inmortal.
- ¿Al oro?
- Lo aborrezco lo mismo que aborrecéis vosotros a Dios.
- Pues ¿a quién quieres, extraordinario extranjero?
- Quiero a las nubes..., a las nubes que pasan... por allá.... ¡a las nubes [maravillosas!
- Ni padre, ni madre, ni hermana, ni hermano tengo.
- ¿A tus amigos?
- Empleáis una palabra cuyo sentido, hasta hoy, no he llegado a conocer.
- ¿A tu patria?
- Ignoro en qué latitud está situada.
- ¿A la belleza?
- Bien la querría, ya que es diosa e inmortal.
- ¿Al oro?
- Lo aborrezco lo mismo que aborrecéis vosotros a Dios.
- Pues ¿a quién quieres, extraordinario extranjero?
- Quiero a las nubes..., a las nubes que pasan... por allá.... ¡a las nubes [maravillosas!
Charles
Baudelaire
Ese
estado de flujo
En
el esfuerzo que uno hace por hallar su camino entre los contenidos de
la [memoria
(insiste
Aristóteles)
es
útil el principio de asociación:
«pasar
rápidamente de un punto al siguiente.
Por
ejemplo de leche a blanco,
de
blanco a aire,
de
aire a húmedo,
tras
lo cual uno recuerda el otoño en el supuesto de que esté tratando
de [recordar
esa
estación».
O
suponiendo,
amable
lector,
qué
no estés tratando de recordar el otoño sino la libertad,
un
principio de libertad
que
existió entre dos personas, pequeño y salvaje,
como
son los principios, pero ¿cuáles son aquí las reglas?
Como
él dice,
la
locura puede ponerse de moda.
Pasar
entonces rápidamente
de
un punto al siguiente,
por
ejemplo de pezón a duro,
de
duro a cuarto de hotel,
de
cuarto de hotel
Anne
Carson

No hay comentarios:
Publicar un comentario