sábado, 9 de mayo de 2020

A partir de ayer 08/05/2020, el horario en que habitualmente, salvo algún día puntual, en que hacía frente a la publicación de estas dos secciones: "Poesía de Emergencia" y "eNTRe TeXToS", va a cambiar por motivos laborales, fluctuando entre las mañanas o las tardes, dependiendo de la carga de trabajo.

Dicho esto y variando un poco el tema que venía tratando, os propongo introducir más palpablemente textos relacionados con la naturaleza. Pero no una naturaleza obvia y palpable, si no aquella oculta, maravillosa y denostada por un crecimiento desmesurado que hemos hecho nuestro, por voluntad impuesta de otros, y que choca frontalmente con esta maravillosa tierra que se está rebelando.

¿Cómo nos devuelve a baja intensidad los golpes que le damos? Es fácil y evidente. Estos virus revoltosos que en condiciones de equilibrio natural no nos meterían tanto miedo en el cuerpo, en desequilibrio son capaces de matarnos.

Es evidente y claro que estos tipos de coronavirus son propios de especies animales salvajes, bueno dejémoslo en animales. Que en ellos no tienen afectación y pueden ser hasta beneficiosos. Sin embargo en nosotros, esos virus, experimentan un cambio o transformación en sus propositos y se nos presentan dañinos o muy dañinos.

Qué nos dice un doctor en biología y profesor de investigación del CSIC:

"Cuando la naturaleza no funciona bien, cuando traspasamos un límite en nuestra explotación de recursos, cuando se acumulan estos fenómenos de huella y degradación ambiental, ocurren estas cosas. Nos lanzamos hacia adelante pensando que la tecnología y la riqueza nos van a librar de todos los males, pero una economía que no tenga en cuenta la preservación del equilibrio natural será totalmente vulnerable ante estos golpes."

Sí. Estamos matando el planeta tierra, poco a poco pero sin descanso desde la revolución industrial. En esta década se ha añadido un fenómeno que, venía produciéndose a muy pequeña escala, y que se ha comido al resto de fenómenos extraños que venimos produciendo. El cambio climático es un hecho que, si no damos un giro total a nuestro concepto de mundo, se agravará al punto de ser irreversible.

Si algo nos ha enseñado este confinemiento pandémico es que en un mes se redujo la contaminación en las grandes ciudades un 50%. La tierra es sabia y la naturaleza curará sus heridad con rapidez si no estuviéramos ya aquí.

Se ha podido saborear ese aire más limpio aunque no desde las calles. Algo es algo. Pero de seguir con el nivel de destrucción que traíamos antes del confinamiento, por la desmesurada y absurda competitividad/productividad habremos logrado el sueño de otros, en este caso de un puñado de podridos multimillonarios con el poder bajo el brazo.

"Fíjate en las implicaciones económicas, sociales y psicológicas de este pequeño desajuste. Pues esto es un ensayo. Si recuerdas los incendios tremebundos de Australia (o los del Amazonas, Rusia, Siberia, Canadá, Indonesia, Líbano, Congo, etc), fue otro ensayo: fue una imagen del futuro. Un vistazo al fenómeno del fuego en escenarios de clima como los que se esperan para muchas partes del mundo. Aquello fue ver en el laboratorio australiano lo que puede ser habitual en un margen de 15 años. Y esto de las pandemias, que vendrán más, también lo es."

No es de extrañar que estos coronavirus sean agentes naturales no animales que hayan sido modificados o manipulados en laboratorio quien sabe si para que nos afecten o simplemente es la tierra, la naturaleza la que se está defendiendo de nuestra implacable agresión. En la secuencia natural es difícil que se pueda dar un salto tan trascendental de virus animales a humanos pero no es imposible. En esta secuencia en la que nos encontramos, con una vida tan artificial y agresiva ya no es difícil y más teniendo en cuenta la herida de muerte que estamos inflingiendo a la naturaleza.

Seguir por el mismo camino que llevábamos es suicidarnos. Preguntaos y reflesionad: ¿queremos eso?

Salud.

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