domingo, 3 de mayo de 2020






Para Carlos Taibo la competitividad es como… se me viene ahora mismo al recuerdo aquello que te gritaba el entrenador infantil desde la banda: ¡Ese tío al suelo... ese tío al suelo, al suelo, que no pase!
No sé si os habrá pasado, a mí sí. Tienes que ser mejor que tu contrario y si ese tipo no es peor y el entrenador no confía en ti, pues ya la hemos liado. Hay que machacarlo para que no afecte al resto del equipo. Tienes que convertirte en un tipo duro, en el campo, y afable, fuera de él a guisa y deleite de los demás. 
Pues digo que NO. 
Y dije que NO.
¿Eres solidario con el resto de tú equipo? No, por una sencilla razón: debe seguir esa competencia dentro para ser competitivo fuera. Y esa competencia dentro te dará mejor o peor posición de cara a salir al campo contra un rival.
En la vida pasa igual. ¿En el trabajo? Otro tanto de lo mismo, para deleite productivo de las élites financieras y del poder. ¿La competencia es sinónimo de mayor calidad de vida comunal? Pienso que no, que la competencia es más bien un factor de enfrentamiento para mantenernos alerta contra el enemigo que tenemos al lado, incluso siendo tu amigx, y que nos olvidemos de las cosas esenciales para nosotros: el amor, la libertad, la felicidad, la fraternidad, la solidaridad, incluso la salud.  Que no seamos una mosca cojonera, vamos... y ese es muy mal camino, porque es el que llevamos hacia nuestra aniquilación.
Desde pequeños nos estigmatizan con la competitividad, la competencia para ganar, para ser lxs mejores. lxs más fuertes. Te manipulan para que te dejes influenciar, te adoctrinan para que dejes de tener criterio propio y si no, te castigan para que dejes de ser tú mismo.
Aunque eso de ser tú mismo, ya es otro tema.


CONTRA LA COMPETITIVIDAD

No deja de sorprenderme el ascendiente que la idea de competitividad sigue ejerciendo sobre muchas gentes que convencionalmente situamos en la 'izquierda'. El proyecto correspondiente acata sin rebozo toda la miseria imperante, y lo hace desde la entronización de la lógica más insolidaria -sálvese quien pueda-, la atomización, la competición más feroz, la jerarquía y, por dejarlo ahí, y a menudo, la adoración más servil de equívocas tecnologías. Mientras la 'izquierda' no consiga liberarse de mitos como los del crecimiento, la productividad y la competitividad, seguirá siendo lo que tristemente es, tantas veces, hoy.


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